miércoles, 6 de abril de 2016

Cristales

Sonó como un mazazo,
un golpe seco.
Hizo astillas mi mundo.
Quebró mi alma el impacto,
fue tan directo...
"Hasta tuvo gracia", juzgo.

No diré que lo esperaba,
ni que no.
No diré que lo anhelaba,
porque no.
No diré que fue algo fácil,
para qué.
Diré: " tuve que ser hábil"
otra vez.

El estallido me pilló por sorpresa,
la reacción, en el suelo.
Fue entonces, al levantar la cabeza,
cuando vi mi mundo muerto.

La primera reacción fue instintiva:
mirar al espejo.
La segunda pareció hasta decidida:
fue no creerlo.

Esperaba encontrar un cristal quebrado,
con un agujero en medio.
Esperaba un reflejo fragmentado,
conmigo en el centro.

Pero vaya -sorpresa-, qué curioso,
el espejo estaba intacto;
quebrado estaba otro,
pero con el reflejo fui exacto.

En ese momento lo entendí:
no hubo golpe para el cristal.
Fue mi mundo partirse lo que oí,
fue mi alma gimiendo al quebrar.

Allí estaba yo: un chico roto
frente a un espejo impoluto;
un reflejo cruel, y hasta macabro;
una mueca horrenda al mundo.

Traté de recoger los fragmentos, lo juro,
-Al fin y al cabo, seguía siendo siendo yo-
pero era un alma herida:
su filo rayaba la locura.

Caí inocentemente en la trampa, lo asumo.
Entonces noté en mis manos el dolor:
estaba sangrando vida;
me estaban matando mis dudas.

Es ahora cuando pido
que se dejen los pedazos donde están.
Imaginad, pues, lo que cortan los míos
si ya lo hacía el cristal.

Pero reparo y veo mil pupilas reflejadas.
Si me fijo, hay lágrimas; dos mil.
Algo no me cuadra, y miro con calma:
estoy llorando, y creo que es por mí.

Si te acercas, tendrás que repararme
o no funcionaré.
Si te acercas, te bañará tu sangre;
mejor apártate.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...