martes, 10 de marzo de 2020

Ayer me sorprendí sonriendo a un gorrión

Ayer me sorprendí sonriendo a un gorrión
Correteaba con pasos muy cortos bajo la mesa
Buscando algo que llevarse al pico, digo yo
sin preocupaciones más allá de la acera

Y en eso que pensé de repente algo
así como, joder, quién fuera como tú
no solo por las plumas, o el canto
ni siquiera por cambiar el gris por el azul

Qué va, compañero, te envidio por algo distinto
Te vi marcharte como si nada hubiera pasado
Bajo tus alas se abría un inmenso destino
y no te preocupa quién te haya olvidado

Y a mí me encoge el corazón
me inunda los ojos mientras escribo
porque palidezco en cada hora del reloj
porque recuerdo más de lo que he vivido

Y te veo, por el amor de dios, claro que te veo
Como si nunca te hubieras marchado
pero entonces me palpo el pecho
y entiendo que es algo lejano

No te reprocho nada
qué coño te voy a reprochar
solo digo que añoro tu cara
y que, en el fondo, temo tu felicidad

Pero no soy un monstruo, créeme,
sonrío a los pájaros por la calle
estoy llorando estas líneas, mírame
no quiero que me olvides, me aterra ser nadie

La fragmentación de mi ser

La fragmentación de mi ser
la descomposición de mi alma
macerando bajo el crisol
de una ciudad que brama

Entre las luces me recreo
Por ver si acaso me olvido
de que me deshago en cada verso
de que me muero mientras vivo

Y en mi mundo desenfocado
las horas ahogan a cualquier hombre
las farolas nos contemplan con hambre
Nadie pone remedio al desorden

Noto el cansancio trepando por mis venas
Del dorso de la mano hasta mis párpados
Del corazón más bravo de los mansos
del chaval mas manso de los bárbaros

El sueño me toma lentamente
conforme las luces salen de mi campo de visión
Otra nueva chispa aparece en la ventana
otro destello que se fuga en la misma dirección

Javier y el mar

Titila el agua dulcemente
y engulle el anzuelo con cariño.
Van ya unos dos mil veranos
y Javier conoce su río.

No pican mucho últimamente,
ni tampoco en el último año
pero se ha convertido en costumbre
y el viejo no incumple su pacto.

Casi yéndose, de repente,
algo le hace fruncir el ceño:
un jurel de lomo plateado
se ha encariñado con el cebo.

Javier tira de él impaciente,
y ya entre sus manos le hace un guiño.
Tampoco picaron este verano,
pero Javier ama su río.

Si yo solo quiero hablar del mar

Si yo solo quiero hablar del mar
de la dulzura con que besa mis pies
de las gaviotas que se posan en la orilla
de los bañistas sin prisa por volver

Si yo solo sé hablar del mar
de las olas abrazando la arena
del sol que refleja en el agua la mañana
del sendero plateado de la luna llena

Si yo solo quiero hablar del mar
pero pienso en tus ojos claros
tan vivos que nublan los míos
tan vivos que deslumbran los faros

Y no queda barco ni quilla a flote
ni proa ni popa ni remo ni vela
ni niños buceando en un océano
que no sea el tuyo, que merezca la pena

Si cierro los ojos

Si cierro los ojos
creo que todavía veo el mar
que observo esa gaviota
volando contra el levante

Tan pequeña ella
tan implacable el viento
Un títere en un teatrillo callejero
batiendo las alas sin moverse
suspendida en el tiempo
justo como el recuerdo

Si escucho atentamente
creo que estallan las olas en la orilla
Aún confluyen monstruosas
dejando un leve reguero de espuma

Aún oigo volarse lo que llevamos
aún te escucho reír
Tanto que algo en mí se ríe también
tanto que se humedece mi rostro
Y, burlescamente, suena en mi cabeza
cada huella que dejabas en la arena

Si extiendo los dedos
creo que siguen esperando tu pelo
que marchitan mientras buscan
lo que el resto de los mortales

Todavía siento la sal
en cada pulgada de mi piel
y de la tuya también, claro
Todavía siento tu risa en mis tímpanos
tu perfume en mi alma
y las manos en la espalda

Pero es que si respiro
inhalo salitre y soledad
Creo que han dejado un vacío
de los que nada puede llenar

Y vuelvo a la cala de turno
a narrarle mis penas al mar
y parece que llora el pobre diablo
porque la gaviota ni lo intenta
los turistas no se bañan
y no queda vida en la puta playa

Juan Sin Miedo

A unos treinta o cuarenta centímetros del suelo,
con un zapato suspendido y otro colgando,
se balanceaba el cadáver de Juan Sin Miedo. 

Solo se escucha el graznido de algunos cuervos,
pues con la soga por corbata y el reloj parado,
los lametones del sol parecen lo de menos.

Lo jalearon sin piedad anoche en el pueblo,
creyendo que daría sepultura al tirano
entre efluvios del whisky y el vino casero.

Creyeron en él, hasta le besaban las manos,
y Juan sonreía, borracho pero sin miedo,
prometiendo sentenciar para siempre el pasado.

Allá que fue, con un fusil, apenas armado.
Lo recibieron catorce tiros en el pecho.
Lo recibieron y allí mismito lo dejaron.

Después de mirarte a los ojos

Después de mirarte a los ojos
he perdido las ganas de escribir.
Después de verte bailar agarrada
al compás me parece un crimen seguir.

Lo cambiaría todo por un ratito
de poder cantar con tu voz
Quemaría todos y cada uno de mis versos
por entender el ritmo como lo haces tú

Vendería a céntimo todos los días de mi vida
Malvendería el poco talento que dicen que tengo
Pondría fin a mis planes de huida
Me sentaría para abrazar el tedio

Por menos que esa mirada
vendería lo que me queda de alma.
Ese fragmento aún por hipotecar,
las cábalas que dibujo sobre la cama.

Por menos que esa dulzura
en cada paso de la danza que vives
Rompería a llorar durante mil años
y ni siquiera entonces sabría definirlo

Por menos del talento que tienes
me encadenaría por siempre a la rutina
porque lo único que tengo para afrontarla
es esta insatisfacción disfrazada de envidia

Por menos de lo que crees que eres
entregaría mucho más de lo que soy.
Todo por abandonar estas hojas en una cuneta;
por verlas saltar por los aires con la circulación.

Lloran los cerezos

Calma, silencio, un destello en la noche
y el cielo se coloreará
Gritos, histeria, dolor en las calles
más ojos que no se abrirán.
Polvo que corre, que nubla la vista
relojes que van hacia atrás
Verdugos cobardes frotan sus manos
sabiendo que ellos dormirán

Lloran los cerezos, callan los ríos
nadie se lo puede creer.
Sangre que corre, metralla en el suelo
y un puño contra la pared.
Un niño que gime, adulto temprano,
que se trata de contener
Mientras se hace el duro piensa en su hermana
¿Y ahora qué vamos a hacer?

Agoniza el mundo, pide clemencia,
no entiende el principio ni el fin.
Veo dos torsos pecho contra pecho
solo uno se escucha latir
Se encuentran dos manos sobre la acera
una fría y otra febril
Un alma perdida que ya ni busca
un motivo para vivir

Bajo una farola en Trípoli

Una niña que acaricia
el lomo de un gato pardo
bajo una farola en Trípoli

Un padre que dobla turnos
para comprar los zapatos
de los pequeños gemelos

Tiene gracia, quién diría
que hay pelo de ese gato
de camino al colegio.

Cuando no miro te veo

Cuando no miro te veo
pienso en ti cuando desconecto
Me sorprendo en cada hora
murmurando que me faltó tiempo

El reloj sigue a lo suyo
tejiendo a mi alrededor un muro
de horas muertas y latidos
que cercan mi malherido orgullo

Hoy he vuelto a soñar contigo
a despertarme con un suspiro
para cerrar los ojos maldiciendo
y clavarme un broche de martirio

En cada hora que se muere a mis pies
en cada día que la noche asalta
En cada latido tras mis ojos maldigo
lo bien que te quedaba la falda

15 de febrero

Ahora que ya no estás,
el viento trae a lomos tu nombre.
Ahora que hay tierra de por medio,
no encuentro candil que me alumbre.

Recuerdo cuando me preguntaste
si escribiría sobre nuestra historia.
Yo me hice el duro y respondí "tal vez",
como si no fuera obligatorio.

Ahora que ya no estás,
verte se convirtió en tocar fondo.
Ahora que ha llovido sobre mojado,
me sorprendo a mí mismo mintiendo.

Recuerdo cómo banalicé
y repetí que no era para tanto.
Hoy las semanas se han vuelto reptiles
y no dejan que olvide lo que siento.

Ahora que ya no estás,
no me reconozco cuando me leo.
Ahora que has vuelto a reír,
parece cambiada la marea.

Recuerdo tanto, encanto, tanto,
que a duras penas me deja escribir.
Recuerdo tanto desde entonces,
que ya apenas me permite olvidar.

Hace tiempo que veo que te apagas

Hace tiempo que veo que te apagas
y que yo miro sin ponerle remedio
A veces soplo, avivo las llamas
pero supongo que todo cae por su peso

Por lo menos hubo brasas para unos años
en los que me cobijé del mundo alrededor
y ahora, como todos los puñeteros veranos
me doy cuenta del esperpento de la función

Es vestir un cadáver y tirarlo a la calle
dar un número falso y terminar por creerlo
es reventar a llorar cuando no mira nadie
porque en realidad sí que eres sincero

Deslizo los dedos entre cenizas y salitre
hace tanto frío que apenas siento la mano
el polvo blanco salta al roce y cubre el aire
y yo arrojo el cuaderno sobre un fuego apagado

Mal trago

Esta noche he dejado de mentirme.
Tiene gracia, van como unas dos décadas:
Escribo solo por diferenciarme;
por sentirme especial, por creerme nómada.

Respiro por inercia, como todos;
río por educación, como tantos,
y me engaño mientras miro los dados
pensando que hoy caerán de mi lado.

Resulta que cruzando una alameda
de farolas, asfalto y hormigón,
corazón abierto y noche cerrada,
peleaba con mi depredador:

Un monstruo con mi voz que me repite:
"No he hecho nada y tampoco lo haré".
Clavando en mis ojos sus ojos mate:
"No eres nadie y no lo vas a ser".

Replico como buenamente puedo:
"Todavía tengo tiempo, soy joven",
pero miro las manos que me han dado
y veo el cansancio anciano y noble.

Tiempo que escapa, tiempo que condena;
tiempo que se retuerce hasta el pasado,
y yo, mientras, lloro en cualquier esquina
preguntando si he valido el mal trago.

Hojarasca y cartón

Una bala perdida en el peor de los revólveres, hecho de hojarasca y de cartón.
Forjado del sudor de la cantera de los mármoles, y cargado de invierno y de dolor.

No sé si yerro cada tiro, o si apunto a ciegas, pero fallo.
No sé ya si lloro por dentro o por fuera, pero me calo.

Codifico cada página que entrego, por miedo a que me descubran.
Te busco cada noche y no te veo; salvo cuando te lloro en la ducha.

Me gusta fingir que las cosas van bien; que soy un tipo normal.
Me gusta jugar a que entiendo cómo funcionas,
me gusta aparentar que venzo la ansiedad.

Y vuelvo, como si me hubiera llegado a ir, a nuestro bar de recuerdo y niebla.
Converso con los fantasmas esperando que regreses, por si me quisieras ver.
Bebo espino y zarza en copas de arena que como el tiempo, se me escapan entre los dedos.
Bebo esperando que algo pase, que algo cambie, y se repite: he vuelto a caer.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...