miércoles, 10 de marzo de 2021
Todavía escucho el mar, la carretera y la orilla.
Podría sentarme una vida entera
Podría sentarme una vida entera
a mirar cómo se caen las horas
Y al final del día volvería
a casa buscando unos ojos claros
Ya sé que mi marcha es inmóvil
que las aspiraciones nacen hueras
pero, si intento completar el verso
solo quiero hablar de tus ojos claros
Y ahí fuera estalla otra guerra
y se lleva por delante otras tantas familias
y la imagen que me aleja del llanto
es la del mar empujando tu pelo
Ya sé que el tiempo no avisa
y que mañana tampoco voy a cambiar el mundo
Pero cuando hinco la rodilla en el suelo
ya sabes, creo que te escucho reír
Y la condescendencia solo suena bien en tu boca
y el miedo palidece a tu vera
y solo entonces me planteo cambiarlo todo
por enterrar los pies en la arena
El gato blanco
Suena la alarma en el cuarto
se filtran las tres por la ventana
escucho la luna sobre el asfalto
y el gato blanco sobre una rama
Ahí fuera suena a desierto
a almas horadadas por la pena
y en medio de todo se erige esbelto
un tal Caronte que ya no rema
Vuelvo en mí: estaba absorto
buscando tiempo por la zona
He visto al gato, lo adopto y escolto
En el collar porta un nombre: Roma
Duermo y me despierta un hurto
Roma no está, y pena ninguna
se ha llevado mi miedo más oculto
dejando una herida que rezuma
Sigo jugando con las vocales
mientras pasea por la ciudad
No sé bien si quiero que me cure
No sé bien si me quiero curar
He escuchado en el bar
A mí este mundo se me está quedando grande
Oro y acre
Entran los últimos rayos de sol tiñendo de oro y acre el cuarto.
Las motas de polvo bailan suspendidas mientras las baña el calor.
El ambiente se ha hecho mágico y me impacta: me calmo.
Pero hay algo que falla, que no encaja, que no cuadra: soy yo.
Mírame a contraluz, que estoy en los reflejos del barniz,
en el cristal, en el espejo y en nuestros ojos.
Mírame, atravesado por el dorado, el caoba y el latir.
Mírame ahora, porque relucen mis defectos; todos.
Vente, que esta tarde te invito al palco de nuestro ritual,
en el que las sombras me dan caza cuando caigo.
Escenificaremos la última función de este juglar
ahora que el otoño sorprende al día como el ocaso al calendario.
Yo en realidad no quería escribir poesía
Cantamañanas
Algún día te escribiré unas líneas
que pongan el mundo patas arriba
y con una satisfacción desmedida
las empujaré por las escaleras
Conforme vea que lo he logrado
que cambio el transcurso de los días
me sentaré en el sofá con una sonrisa
en la cara y los versos ya olvidados
El día que sepa que puedo
que crea que realmente lo valgo
pondré fin a mi extraño diario
cerraré para siempre el cuaderno
Porque yo no quiero cambiar el mundo
porque por vanidad no quiero que sea
todo por escribir para que nadie me lea
todo por no ser el cantamañanas de turno
Crepitan en la hoguera tres luciérnagas
Crepitan en la hoguera tres luciérnagas,
debe oírse como a medio kilómetro.
Tiene gracia: se lanzaron impávidas
a alimentar las llamas con sus ánimas.
Remuevo las brasas sin mucho ímpetu.
Juzgo el sacrificio con gesto ímprobo.
¿Acaso no soy yo igual de efímero?
Sobra tiempo de reflexión al náufrago.
Chisporrotea el fuego con estrépito
y caigo: otra vez haciendo cábalas
sobre la vida y su sentido último;
sobre que me siento solo, no único.
Tiene gracia: otra vez confesándome,
otra vez dudando si hacerlo público.
Golpea el viento y en el pecho un pálpito:
me marcho, se han consumido las llamas.
Septiembre
Hace tiempo que quiero escribirte unas líneas,
de esas cobardes, canallas y traicioneras,
arrancadas directamente de mis vísceras,
de esas que de mentirosas se hacen sinceras:
Volveremos entre la lluvia;
seremos frío y tempestad.
Nos veremos en el rocío,
respiraremos humedad.
Y mi insomnio tendrá hambre,
y mi mar querrá septiembre.
Y seremos dos gorriones
anidando entre los trenes.
Me ha despertado una china en la ventana
Me ha despertado una china en la ventana
y la sonrisa de Mario contemplándome.
Hay dos vecinas que tienden la colada
y el rumor sutil del tiempo entre los árboles.
Somos una historia de plazas y calles,
de pegarnos al no saber qué decir;
la historia que vivieron nuestras madres,
los sueños que vinieron desde París.
Pasan los años y nos miramos como
nos mostraron sin siquiera procurarlo;
apoyando en vuestros ojos nuestros ojos
pardos y sabiendo que somos hermanos.
Mientras pintamos batallas en el suelo,
las señoras vuelven con la compra a casa.
Abandonamos nuestro patio de juegos
y marchamos; ya ficharemos mañana.
Me queda una idea colgando en el aire:
decía Holden -Guardián entre el centeno-
eso de no cuenten nunca nada a nadie,
que, si lo hacen, los echarán de menos.
Te echo de menos
Te echo de menos.
En el sentido más estricto de la palabra:
me faltas.
Me siento tan vacío, tan incompleto,
que te busco en cada crujir de los muebles,
en cada vibración en el pasillo,
en los golpes del viento al cristal.
Te añoro tanto,
que te pienso aun sabiendo que no me convienes.
Y cuando marchas
entiendo perfectamente lo que supone,
pero me niego a creerlo,
porque mi corazón se ha hecho a tus latidos,
mis venas, a tu pulso,
y mis pulmones, a tu respiración.
Pienso a diario
que quiero estremecerme a tu ritmo,
respirar a tu compás y no tener que imaginarte,
pero desde que no me queda alternativa
me siento como marinero en tierra,
y, como ellos, me debato
entre abrazar las noches maldiciendo
o adentrarme en la mar sin navío.
Y soy consciente
del suicidio que supone nadar con las sirenas,
pero, una vez que las conoces,
¿qué vida podría saciarte sin su música?
Por eso dudo
entre beber en el puerto,
o encallar tras tu estela.
Supones tanto,
que mi fortaleza hace aguas por todos lados,
y ya ni puedo pensar, ni me sale medir, ni quiero escribir.
Quiero que vuelvas,
y que acabes con este patético intento
de suplir tu ausencia con un bolígrafo.
Los nenúfares de Monet
Hoy me he dado cuenta de que me he vuelto a engañar
atrapado entre los nenúfares de Monet.
Qué tendrán esos ojos de ver para creer,
qué tendran tus ojos de mirar para saltar.
Hoy he roto la cuarta pared y he caído:
soy solo atrezzo, un extra entre el decorado,
que con la función acabada sigue actuando
por si acaso fingiendo cobrara sentido.
Me he lanzado dos monedas con condescendencia,
y me he invitado a poner fin a tal espectáculo,
a buscar un trabajo que no fuera dramático,
y a dejar de poner a prueba mi paciencia.
"No solo de pan vive el hombre" -me respondí-
que podría conseguir un papel importante,
que bajo los focos no tengo sueño ni hambre,
que me deje soñarte y que me marche de aquí.
Tal vez
podríamos creernos esa mentira
Y yo
podría hacer de mi película una vida
Destellos abandonando la ventana
Grajos
Hay cuatro grajos entre mi ventana y el mar,
dos destellos grises brillando en el cristal,
el rumor de las olas que no quieren volver
y la orilla mirándolas con gesto gentil.
Han venido para recordarme con su canto
que he olvidado que mi alma es alada y no de cuarzo.
Yo les miro y replico, cordial pero elegante,
que fui el cóndor más bravo, pero ya no ejerzo.
Me dan la espalda en el alféizar y saltan juntos.
Al poco no son más que tres sonidos oscuros
que me abandonan peleándome con los cientos
de planes que ideé bajo cielos más claros.
Quiero creer que hay un lugar detrás de mis huesos,
o en un campo dorado, escondido entre el centeno.
Un hogar solo para los chicos perezosos;
un sitio para mí, aunque solo sea uno.
las horas se suceden
Las fábricas chirrían
Hace tiempo que no paso por casa
Hace tiempo que no paso por casa,
mas lo que pasa, que no viene al caso,
es que pienso en cada puto peldaño
de la escalera que va hacia mi cuarto.
Hace más tiempo que no piso el barrio,
que no paso por el barro, y me pesa.
Hace tiempo que no veo a los míos.
Pasan los días. Creo que se alejan.
Hace tiempo que el tiempo hace mella y
me llaman por nombres que no comprendo
Tengo a la altura del cuello una malla;
separa lo que quiero y lo que siento.
Hace más que no escribo en condiciones,
que ya por costumbre prometo deudas,
que sueño que arden campos de centeno,
que quiero huir; y me tiemblan las piernas
El camino de farolas amarillas
Sigo el camino de farolas amarillas
y vuelvo a casa en un abrigo de hojalata.
Me encuentro con un león en un portal
consumiendo su presa entre papel de plata.
Saliendo del centro gritan a mis espaldas:
son tres malvadas brujas menores de edad.
Trataban de comerciar y cambiar monedas
por un ratito de olvidar la soledad.
Lo siguiente que recuerdo es apartar cuervos
a manotazos y patadas de un sintecho.
Para cuando pude observarlo cara a cara,
solo encontré paja brotando de su pecho.
Será que hoy hace más frío de la cuenta,
o que este invierno horada dentro un abismo,
pero en la ciudad nadie vuelve la mirada.
Moriremos dejando un charco de egoísmo.
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