viernes, 26 de julio de 2019

Un día de estos

Un día de estos voy a poner
el mundo entero patas arriba.
El día en que abrace mi desidia,
el día que crea en esta vida.

Cuando no claudique ante el reloj
y el ánimo ya no me abandone,
daré un golpe sobre la mesa
y sentido a todo este desorden.

Cuando tenga fuerzas para seguir,
cuando el calendario no se arrastre;
cuando recobre la fe en mí mismo,
cuando mi alma por fin se sacie.

Entonces que se prepare dios,
porque... pero a quién quiero engañar,
pero qué mundo patas arriba...
Un día me lo creeré, quizás

Hay un niño moqueando en la acera

Hay un niño moqueando en la acera
con cara de ego y pena desmedida
la chaqueta del colegio mal puesta
la mitad por fuera y la otra metida

Pasea un camión gris por el bordillo
ante la impasible apatía ajena
Guarda las lágrimas en el bolsillo
no sea que alguno se fije en ellas

En eso que aparece otro crío
atrayendo la atención del primero
con más mocos y más sucio; más vivo
tendiendo su mano en gesto sincero

Ahora los ven correr calle abajo
sin rumbo, por el placer de correr,
donde ser feliz no cuesta trabajo
donde el centeno les roza la piel

Pasa el tiempo como pasa la gente
por la calle de la que antes hablaba
pero pasa que se ve diferente
alguien ha olvidado un camión y un chándal

domingo, 10 de marzo de 2019

Golpea el viento la lona

Golpea el viento la lona
como el segundero el calendario
y ahora que se pierde aquel puerto
el horizonte parece más serio.

El sol se desparrama sobre las olas,
la marea juega con mi pequeño barco,
y los peces combaten el tedio
tejiendo a mi alrededor un cerco.

El cielo se arranca a tiras la ropa
para ofrecernos un día más claro
y en medio de un pasaje veraniego
caigo: supongo que no sé lo que quiero.

Quizás abandonarme a las gaviotas
quizás remar hacia un puerto cercano,
quizás echar el ancla al suelo
y beber agua salada por veneno

aunque no puedas oírme

te estoy hablando, aunque no puedas oírme
sigo pensando en ti, como si importara
no se me caen los anillos ni la cara
por admitir que tengo miedo de perderte

No pasa nada porque tengas un mal día
tranquila, voy a esperar en la misma alcoba
a aplacar como pueda ese alma de loba
y cargar con el dolor que traigas a verme







Confesión

Hoy me he propuesto escribir y no ha salido nada
Temo por momentos que esto sea el final
El final de una relación descompensada
que insuflé con mentiras para sentirme especial.

Hasta en este mismo momento,
exploto un sentimiento que desvirtúo
Y esto no me hace más honesto
sino en todo caso más ridículo

Estoy buscando la inspiración a propósito
Tratando de echar raíces como sea
creer que pertenezco al mundo de algún modo
rezar para que no me trague la marea

Siempre supe lo que tenía entre manos
cómo no iba a conocerme si me vi crecer
y monté un circo precioso
para autocompadecerme y complacerme a la vez

He dejado la métrica completamente de lado
y estoy escribiendo mezclando planos en mi cabeza
Lo que pienso sobre esta composición
y que ni siquiera respeto el sentimiento que la crea

Estoy desvistiendo mi miedo a desvestirme
para no creer que he perdido lo que nunca tuve
Estoy faltando a todos mis putos principios
y sigo con una parrafada afectada que ni rima

Me estoy poniendo enfermo de leerme
estoy poniéndome enfermo de pensar qué pensaré
cuanto retome este cadáver por donde lo estoy dejando
y trate de medir, contar sílabas y ocultarme en él

Estoy tratando de echar raíces como puedo, lo juro
pero es que ni calan ni las dejo respirar;
es que cada vez que abro la boca me ahogo
pensando que me creo un lirio en este secarral

Y probablemente no lo queme todo
y conserve esta crónica, esta llamada de auxilio
porque en el fondo es especialmente sincera,
lo cual lo hace todo mucho más patético

¿Y a ti, Paula?

Hoy tampoco he dormido gran cosa;
unas dos o tres horas al ocaso.
No es que entienda bien el proceso,
pero descansar parece caro.

Que me perdonen si ya no quiero
coronar cuatro cumbres de oro,
si en tu compañía me giro;
si fuera que prefiero estar solo,

pero pasa que miro con celo
a esa gente que tiene nulo
interés por descubrir su halo.
Será que yo me siento desnudo,

que cuando tengo que insistir, cedo;
que cuando tengo que ofrecer, pido;
que no valoro lo regalado;
que soy demasiado sencillo.

Pues será por esto y por aquello
que cuando esperan que hable, me callo;
que por esconder miseria, huyo.
¿Me desvelará esto, acaso?

Estación

Últimamente vivo en la estación,
a medio camino entre irme y quedarme.
Últimamente pierdo más el tiempo,
pensando en lo pronto que se hizo tarde.

Últimamente me escondo entre el ruido,
ahí donde no distingo tu voz.
Pero es fuerte como ella sola:
se cuela a bailar con mi rencor.

Ha partido el tren de las nueve:
se llevó con él mi labia.
Galopa en una vía nueva,
chatarra en un mundo de máquinas.

De vez en cuando me acuerdo de ti.
El resto del tiempo me echo de menos.
De vez en cuando creo que me esperas,
que te veo en un andén a lo lejos.

De vez en cuando me hago el héroe,
y planto los pies en cualquier vagón.
Pero al poco ya he cambiado de idea
y he vuelto a mi tenue estación.

Ha partido el tren de las seis:
se llevó con él mi fuerza.
Hollín en mis ojos y venas,
humo en mi alma de meiga.

Nunca llegué a saber cuál era mi sitio,
y me perdí encallando en mil puertos.
Nunca entendí del todo la deriva,
es por eso que huyo del silencio.

Nunca quise abandonar mis calles,
ni mucho menos los ojos que amé.
Por eso estoy con un pie en las vías
y el otro enamorado del andén.

Ha partido el tren de las ocho:
se ha llevado con él mi orgullo.
Hace frío -fuera y dentro-:
Me he vuelto a quedar desnudo.

Marinero en tierra

No son sonrisas falsas;
son muecas de tragedia y angustia
que esculpo en mi rostro.
Entre presión y escarcha;
entre granito y lluvia.

Me estoy acostumbrando a hacerme el fuerte,
aunque siempre de puertas para fuera.
"Me estoy acostumbrando"
me repito ausente;
"me estoy acostumbrando a que duela".

Será que le di alas al casuario;
o que se las quité
impasible a los gansos.
Y emigrar se antoja imposible, tanto
como erizar tu piel.

Tal vez sea marinero en tierra;
corsario del desierto.
En el fondo lo ignoro:
mi navío se ahoga en la marea;
mis alas se oxidan con el viento.

domingo, 17 de febrero de 2019

Orquesta

Percuten con los dedos mi ánimo,
haciendo de este apagado púgil
una melodía en construcción.
Y el ritmo, como si fuera un sátiro,
se recrea con el cuerpo dúctil
que se ha rendido al compositor.

Tal vez no sean cuerdas vocales,
tal vez conduzcan al corazón.
Puede que se trate de un arpa cándida
que transcribe todas mis verdades
en las lágrimas de un cantautor,
pretendiendo regar otras ánimas.

Será por esta o cualquier razón
-quizá que mi paso es esporádico-,
que temo al ritmo como a mí mismo,
porque solo es cuestión de que el autor
busque uno de esos rubatos mágicos
y, otra vez, desboque mis latidos.

Tocar el cielo con los dedos

Estoy tocando el cielo con los dedos.
Respiro los graznidos de las gaviotas.
Siento el suave tacto del paso del tiempo
y me derrito entre tres o cuatro notas.

Apenas tomo conciencia del momento,
pues mis sentidos se van aletargando
y se dejan acunar entre el gorjeo
de las nubes y el calor que me están dando.

El cuerpo ya no pesa y mis miembros flotan.
En mi rostro se instaura una sonrisa:
me quedo donde el cielo y el mar se tocan,
donde nadie tiene recelo ni prisa.

Que venga a buscarme quien así lo quiera,
no sé ni yo si lo reconoceré.
Aquí donde todo acaba y empieza,
donde empiezo lo que nunca acabaré.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...