domingo, 12 de noviembre de 2017

¡Joder, las flores!

Cuando te marchaste
te llevaste algo contigo.
No solo lloré yo,
sino también el viento;
también el fuego;
también las flores.

El día se hizo noche,
la luna se arrojó al vacío,
y la penumbra y el abismo
dieron paso al invierno.

Desolado y apático, el viento se apagó
y los gorriones ya no salen a cantar.

Destrozado y pálido, el fuego dejó de soplar
y ahora no hay corazón que no sea escarcha.

Desconsolado y mustio, el mar cesó su bramar
y ahora la espuma escribe descomposición en la orilla.

Y las flores
—¡Joder, las flores!—
muriéronse de pena al unísono.

Y la melodía reinante es un silencio
afilado y sanguinario cual febrero.
Un silencio que bailo a solas aquí dentro.
Un silencio que respiro mientras muero.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...