domingo, 20 de marzo de 2022

Golondrinas

Aún espero que aparezcas
al pasar cualquier esquina;
arropada por las sombras,
despertando golondrinas.

Aunque sé que no hay palomas
para los días nublados,
aún espero que devuelvas
lo que me has arrebatado.

Y no sé si fue mi culpa
-no salirte a recibir-
ni si tengo yo repulsa
a la altura para mí.

Pero es cierto que no entiendo
qué hago, o a dónde voy;
es cierto que lo que siento
es que ya no sé ni quién soy.

Hay calles que piso, bueno,
supongo que están ahí.
Hoy por hoy escondo el Duero:
soy corriente y su seguir.

No acaparan mi atención;
no desvelan mis pasiones.
Veo sombras en el sol;
solo puntos y renglones.

la culpa corriendo por mis venas

la culpa corriendo por mis venas
brotando conforme acaba el brazo
la palabra que queda atravesada entre
la garganta y las hojas del calendario

el suicidio por sorpresa del ego
la última banderilla al superyó
la deuda ondeando sobre el mástil
y en la proa todo satisfacción

el aliento que no consigo tomar
las frases que nunca formulo
temer olvidar por completo
qué no es mío y qué no es tuyo

el salitre que impregna la casa
que se ha podido acostumbrar
a este pecio tan perdido que
zozobra a la deriva en soledad

la tripulación queda con los polizones,
donde también queda mi seguridad
apeada por la fuerza en otra cala
por si acaso no me dejan naufragar

yo que me ahogo en cada
palada que pego contra el mar
yo que finjo que han llorado
en mis ojos cuando lloro de verdad

yo que el único instinto que conservo
es el que exige esta forma de ser
ese instinto que es medio suicida
y en el fondo la otra mitad también

yo me escribo por no olvidarme,
por meter la bola y anotarme el tanto,
escondo tras una falsa y burda modestia
que me creo más de lo que valgo

y ahí que me hundo con ella
cuando la duda se hace borrasca
allí que me hundo con mi proa
aquí que lo niego al volver a casa

Si te vas

Hace tiempo que susurran los parques
que añoran el viento que los hizo crujir.
Hace tiempo que piden a gritos que vuelvas,
porque, si rechinaban, era por ti.

Hace tiempo que me preguntan las calles,
con su sonrisa de pintadas torcidas,
que si has muerto, que si acaso ya callas,
si no volverás por donde antes venías.

Las plazas vacías y las más llenas,
las aceras en cuesta y las más llanas,
los valles, las montañas y los llanos
protestan: del incendio eras las llamas.

Sus adoquines melancólicos son tuyos;
descansan aletargados y con miedo,
sin olvidar la huella que les dio vida,
por si acaso tu suelo fuera el cielo.

Crujen en morse las bicis, o eso creo,
porque me guiñan los faros al pasar;
resoplan con sus radios, se recrean,
soñando que las volverás a montar.

Hay trenes que parten con miedo a partir
de la estación y/o su corazón.
Todos tristes, no se quieren apartar
de los ojos que les dieron el color.

La megafonía suena triste últimamente,
cada parada que anuncia es un epitafio.
Sin ti recorre las vías sin sentido;
sin ti cada día circula más despacio.

No hay consuelo ya en los puestos
que te miraban al pasar.
No hay reflejo ya en los charcos,
ahora que saben que te vas.

Y los graffitis a medio pintar me lloran,
sabiendo que no hay alivio para ellos,
porque tus ojos no estarán para observar,
y, te lo juro, se desviven de celos.

Late quejumbroso el abono del bus,
agonizando por si acaso te vas.
De noche llora cada esquina que no ves,
Paula, porque eres el alma de la ciudad.

No conoce su noche oscuridad
capaz, ni por asomo, de hacerte sombra,
y, aun así, cada anochecer, en penumbra,
retumba un murmullo: "no me dejes sola".

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...