martes, 17 de mayo de 2022

espantapájaros

Tiene las ojeras del tamaño del fracaso
que lo asola y acompaña a cada paso que da;
el gesto, huraño y triste, algo cansado,
por los sueños descosidos que no sabe bordar.

Mira con las cuencas de los ojos -está vacío-,
y no consigo evitar que me estremezca,
porque contemplo que lo inunda un abismo
capaz de hacer que la ilusión desaparezca.

Luce unos hombros algo hundidos; encogidos;
la mirada (si es que mira) muy perdida;
la cabeza, agachada, viviendo del olvido;
y la respiración... bueno, no sé si respira.

Al final de cada brazo, hay negros muñones,
intuyo que por la sangre que ha derramado
defendiendo, en su momento, sus ilusiones;
intuyo, por su rostro, que jamás ha ganado.

Lo que antes fueron pulmones, ahora son bombas
de drenaje rápido de lágrimas y penas,
pero fallarían, si es que funcionaron solas,
porque hace mucho tiempo que se ahogó en ellas.

Apunto con el dedo al corazón. Se estremece,
y entiende de mi curiosidad por lo que guarda;
aparta un pedazo de piel y me lo ofrece:
es un amasijo de vísceras putrefactas.

La piel es de papel, hasta en eso lo detesto,
y el mustio de su cara solo se compara
con la angustia y la flema que bañan su pelo.
No lo conozco, pero su visión es macabra.

Ahora mismo es repugnante, os lo juro:
el papel de su piel se ha hecho otoño, y marchita,
el aire que desprende me ha hecho daño, seguro,
y, aun así, tiene algo; no aparto la vista.

Hay una masa informe en lugar de nariz,
y le falta una mejilla, por donde se ve
cómo lloran los ojos que no tiene al barniz
que cubriría los dientes que intenta esconder.

Ese monstruo me está poniendo enfermo y lo sabe,
incluso diría que me intenta sonreír,
alza despacio los labios y... ¡por dios, que pare!
No tiene labios ni lengua y trata de gemir.

No sé si está pidiendo ayuda o una muerte rápida,
pero semejante aberración no la merece;
la compasión es para quien deja la crisálida
y cambia, y él es un gusano que se retuerce.

Su estómago necrosado esboza una sonrisa
y, con los puntos mal dados, lo hace mejor
que este horrible engendro que tengo a la vista.
-"No es difícil". -Parece que me dé la razón.

Es como un espantapájaros malherido,
fruto del odio y el desprecio del que lo hizo;
parece un retrato caído en el olvido
sonriendo con boca torcida... Enfermizo.

Estoy sufriendo, pero no lo puedo evitar:
no aparto los ojos, y al cerrarlos sigue ahí.
La ira me corroe, lo voy a empujar;
me está afectando en serio: no puedo seguir.

Levanto el puño y golpeo sin pensar en el daño.
Se quedó en el mismo sitio, quebré su reflejo.
Me seco la sangre pronto en mi piel de otoño...
Supongo que odio los espejos.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...