domingo, 10 de marzo de 2019

Golpea el viento la lona

Golpea el viento la lona
como el segundero el calendario
y ahora que se pierde aquel puerto
el horizonte parece más serio.

El sol se desparrama sobre las olas,
la marea juega con mi pequeño barco,
y los peces combaten el tedio
tejiendo a mi alrededor un cerco.

El cielo se arranca a tiras la ropa
para ofrecernos un día más claro
y en medio de un pasaje veraniego
caigo: supongo que no sé lo que quiero.

Quizás abandonarme a las gaviotas
quizás remar hacia un puerto cercano,
quizás echar el ancla al suelo
y beber agua salada por veneno

aunque no puedas oírme

te estoy hablando, aunque no puedas oírme
sigo pensando en ti, como si importara
no se me caen los anillos ni la cara
por admitir que tengo miedo de perderte

No pasa nada porque tengas un mal día
tranquila, voy a esperar en la misma alcoba
a aplacar como pueda ese alma de loba
y cargar con el dolor que traigas a verme







Confesión

Hoy me he propuesto escribir y no ha salido nada
Temo por momentos que esto sea el final
El final de una relación descompensada
que insuflé con mentiras para sentirme especial.

Hasta en este mismo momento,
exploto un sentimiento que desvirtúo
Y esto no me hace más honesto
sino en todo caso más ridículo

Estoy buscando la inspiración a propósito
Tratando de echar raíces como sea
creer que pertenezco al mundo de algún modo
rezar para que no me trague la marea

Siempre supe lo que tenía entre manos
cómo no iba a conocerme si me vi crecer
y monté un circo precioso
para autocompadecerme y complacerme a la vez

He dejado la métrica completamente de lado
y estoy escribiendo mezclando planos en mi cabeza
Lo que pienso sobre esta composición
y que ni siquiera respeto el sentimiento que la crea

Estoy desvistiendo mi miedo a desvestirme
para no creer que he perdido lo que nunca tuve
Estoy faltando a todos mis putos principios
y sigo con una parrafada afectada que ni rima

Me estoy poniendo enfermo de leerme
estoy poniéndome enfermo de pensar qué pensaré
cuanto retome este cadáver por donde lo estoy dejando
y trate de medir, contar sílabas y ocultarme en él

Estoy tratando de echar raíces como puedo, lo juro
pero es que ni calan ni las dejo respirar;
es que cada vez que abro la boca me ahogo
pensando que me creo un lirio en este secarral

Y probablemente no lo queme todo
y conserve esta crónica, esta llamada de auxilio
porque en el fondo es especialmente sincera,
lo cual lo hace todo mucho más patético

¿Y a ti, Paula?

Hoy tampoco he dormido gran cosa;
unas dos o tres horas al ocaso.
No es que entienda bien el proceso,
pero descansar parece caro.

Que me perdonen si ya no quiero
coronar cuatro cumbres de oro,
si en tu compañía me giro;
si fuera que prefiero estar solo,

pero pasa que miro con celo
a esa gente que tiene nulo
interés por descubrir su halo.
Será que yo me siento desnudo,

que cuando tengo que insistir, cedo;
que cuando tengo que ofrecer, pido;
que no valoro lo regalado;
que soy demasiado sencillo.

Pues será por esto y por aquello
que cuando esperan que hable, me callo;
que por esconder miseria, huyo.
¿Me desvelará esto, acaso?

Estación

Últimamente vivo en la estación,
a medio camino entre irme y quedarme.
Últimamente pierdo más el tiempo,
pensando en lo pronto que se hizo tarde.

Últimamente me escondo entre el ruido,
ahí donde no distingo tu voz.
Pero es fuerte como ella sola:
se cuela a bailar con mi rencor.

Ha partido el tren de las nueve:
se llevó con él mi labia.
Galopa en una vía nueva,
chatarra en un mundo de máquinas.

De vez en cuando me acuerdo de ti.
El resto del tiempo me echo de menos.
De vez en cuando creo que me esperas,
que te veo en un andén a lo lejos.

De vez en cuando me hago el héroe,
y planto los pies en cualquier vagón.
Pero al poco ya he cambiado de idea
y he vuelto a mi tenue estación.

Ha partido el tren de las seis:
se llevó con él mi fuerza.
Hollín en mis ojos y venas,
humo en mi alma de meiga.

Nunca llegué a saber cuál era mi sitio,
y me perdí encallando en mil puertos.
Nunca entendí del todo la deriva,
es por eso que huyo del silencio.

Nunca quise abandonar mis calles,
ni mucho menos los ojos que amé.
Por eso estoy con un pie en las vías
y el otro enamorado del andén.

Ha partido el tren de las ocho:
se ha llevado con él mi orgullo.
Hace frío -fuera y dentro-:
Me he vuelto a quedar desnudo.

Marinero en tierra

No son sonrisas falsas;
son muecas de tragedia y angustia
que esculpo en mi rostro.
Entre presión y escarcha;
entre granito y lluvia.

Me estoy acostumbrando a hacerme el fuerte,
aunque siempre de puertas para fuera.
"Me estoy acostumbrando"
me repito ausente;
"me estoy acostumbrando a que duela".

Será que le di alas al casuario;
o que se las quité
impasible a los gansos.
Y emigrar se antoja imposible, tanto
como erizar tu piel.

Tal vez sea marinero en tierra;
corsario del desierto.
En el fondo lo ignoro:
mi navío se ahoga en la marea;
mis alas se oxidan con el viento.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...