domingo, 12 de noviembre de 2017

¡Joder, las flores!

Cuando te marchaste
te llevaste algo contigo.
No solo lloré yo,
sino también el viento;
también el fuego;
también las flores.

El día se hizo noche,
la luna se arrojó al vacío,
y la penumbra y el abismo
dieron paso al invierno.

Desolado y apático, el viento se apagó
y los gorriones ya no salen a cantar.

Destrozado y pálido, el fuego dejó de soplar
y ahora no hay corazón que no sea escarcha.

Desconsolado y mustio, el mar cesó su bramar
y ahora la espuma escribe descomposición en la orilla.

Y las flores
—¡Joder, las flores!—
muriéronse de pena al unísono.

Y la melodía reinante es un silencio
afilado y sanguinario cual febrero.
Un silencio que bailo a solas aquí dentro.
Un silencio que respiro mientras muero.

lunes, 2 de octubre de 2017

Me confieso de esta manera


"No ha sido por mi culpa"

Mentiré
si me preguntas
por el responsable de este fracaso
cuando vengas a
averiguar qué me pasa.

Tal vez ya sea hora de
terminar esta historia;
vamos a
por ella:

Es todo
por su culpa,
es todo...

Los fantasmas del pasado,
dando rienda suelta a
las cobrizas lágrimas
que contenía,
han herido de muerte el dique.

Odios y miedos -¡qué
viejos y perennes!-
cargaron
contra mi persona
con miedo y rabia.

Os entrego estas líneas
porque me duele menos codificarlo.
Me confieso de esta manera

-Leámoslo al revés

Puede

Puede que las calles me conduzcan al olvido,
o que huyan del presidio que eres para mí.
Puede que el camino me dé ya por perdido;
también puede que llore, pero por no reír.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuando

Cuando el mundo tenga prisa,
tú mejor quiéreme despacio.
Cuando apremie el cansancio
vuelve a lamer mis heridas.

Cuando mueran las luciérnagas
y las calles queden huérfanas,
ven a verme como hacías;
que te añoro como nunca,

que te siento hasta en la lluvia.
Y este hatajo de mentiras
que tejimos sin querer
se ha quedado sin quinqué

que ilumine la salida.
Cuando el sol vuelva a ponerse
sobre otro cuerpo celeste,
ven a irte como hacías.

Vuelve a irte como hiciste.

Gorriones

Echo gorriones a
volar para que no me aniden dentro;
sesgo amapolas jóvenes
para que no marchiten en mi piel;
desgarro cartas nobles
porque escribo con tinta envenenada.

No sé mucho de danzas,
yo entiendo de cicatrices y cortes.
Nunca entendí por qué
acabamos así. Chica, respóndeme,
que no sé bien qué siento;
solo me hacía el fuerte, nada más.

sábado, 25 de febrero de 2017

...náusea

Pero también me engaño
con la misma frecuencia,
y vuelvo al muelle sobre el que escupí
y jure desterrar
hasta el fin de mis días.

Soy animal cobarde;
velero a la deriva;
un náufrago en un mar de cristales.

Tan manso, tan inocuo
como las olas a las que me entrego.

Me abandono a la náusea;
al vaivén afilado,
porque, aunque me mate,
los dos sabemos que acabaré
encallando en tu puerta.

Una blanca tormenta arrecia y yo
—ya ves— recojo velas.

Y entonces...

Hay veces en las que
me siento fuera de lugar;
veces en las que caigo
en que no pertenezco
ni a este ni a cualquier otro puerto.

Entonces, normalmente,
me da por esbozar una sonrisa
que, de descompuesta, da hasta lástima.

Entonces actúo desorientado;
entonces me estremezco.

Cuando caigo en la cuenta
de lo violento que es mi espectáculo
para mi acompañante,
es fácil que prometa
que jamás dejaré que se repita.

¿Sabes?, ahora mismo
me lo estoy volviendo a asegurar.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Difícil

Es difícil escribirte con un
corazón nómada como el mío.
—Te busco en cada esquina de mi insomnio;–

Difícil escribirte en la distancia;
difícil apaciguar las ausencias.
–surco el mar en pos de cada destello,–

Es difícil fingir ser abedul,
valiente y recio ante los olvidos.
–haciéndome el duro mientras afronto–

Difícil achicar raudo la tráquea;
difícil obviar el tedio en las venas.
–que aún tiemblo pensando en tu cuerpo.–

Es difícil escribirte a sabiendas
de que ya nunca me leerás.
—Tapono mis fracasos con coágulos–

Difícil la rutina del consuelo;
difícil volver a autoconvencerme.
—de los que nace el marchito valle–

Es más fácil sentarse en la arena
y observar cómo juega con el mar.
—que engendra y arma mi lado nostálgico.–

Fácil dejarlo a medias de nuevo.
Fácil ignorar heridas recientes.
—Hasta que me desangre.—

domingo, 12 de febrero de 2017

Romance apátrida

Desabrocho las cadenas,
el cincho y cualquier pertrecho.
Caen con un ruido sordo
sobre un camastro desecho.

Y ni mi gris desnudez
ni mi cansada conciencia
retumban en este cuarto
como lo hace tu ausencia.

Vacío y más bien sincero
–desprovisto de disfraz–
caigo con aplomo al suelo
y reniego de la paz.

He perdido como siempre;
he perdido como nunca.
Reconozco las bravatas
que la vida ahora me trunca.

Con un romance apátrida
digiero la realidad:
soy mitad ingenuo y áspero;
igual que la otra mitad.

Me conozco, o eso digo,
pero esta vez no lo vi.
Resulta triste e irónico
que yo me apiade de mí.

Caí, sin darme ni cuenta,
en el engaño discreto
que es creerse uno libre
pero sentirse incompleto.

Y asumo que al ver tus fotos
algo me bulle en el pecho:
algo que funciona mal;
algo que late al acecho.

Mas mis versos se resisten
a que mienta una vez más
mientras sacan a la luz
lo que escondía detrás.

No es un romance apátrida,
no: espera santo y seña
para volver a su tierra;
para volver a su dueña.




miércoles, 25 de enero de 2017

Sobre mis ojos

No cambiarán mi angustia de sentido,
como no sentiré vértigo en otros hombros,
y es que la inmensidad que se abre bajo mis pies
solo es comparable a la que se abre sobre mis ojos.

Bailar en el despacho

Aislado en un corro de angustia y soledad,
me pregunto, con la duda por sonrisa,
si aún hay algo de mí que pueda salvar;
si aún queda humanidad en esta herida.

Me busco en el espejo y no me encuentro;
últimamente lloro a solas en mi cuarto.
A veces trato de rebuscar bien adentro...
y no me sorprendo si veo que no hallo.

Si levanto la cabeza, tengo el techo;
si abro los ojos, tan solo oscuridad.
Solo soy un loco bailando en el despacho
cuando sabe que no miran los demás.

Sus objetivos me asquean, lo confieso,
pero al menos tienen, que ya es decir.
Yo, en cambio, soy un triste obseso
de lo que se fue y jamás volvió a venir.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...