Dicen que la belleza
suele estar en los ojos del que mira.
No sé si es pena o lástima,
mas me duele en el alma
que su vista no alcance a contemplar.
Lo de negarle a la naturaleza
que su obra respira
es un crimen abyecto contra el ánima;
es recoger palomas en la palma:
privarlas de volar.
Pues con toda certeza
proclamo rotundo ante el mundo que vira
al compás de las máquinas
sin tomarse la calma
para sentarse, callar y observar,
que no hay paz, ni atisbo de realeza,
si acaso sí mentira,
en quien ensalza la vida crisálida;
en quien con inmovilismo ensalma
a las locas de atar.