jueves, 24 de noviembre de 2016

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¿Y si forjamos una historia con palabras,
que eso de los hechos está muy visto?
O era al revés y me equivoco;
no me juzgues: te veo y desvarío.

Mírame, que tengo algo que enseñar:
te he traído fallos, anhelos y cicatrices,
una vida entera de mitigar la soledad
que te entrego con un ramo de jazmines.

Tú y yo, una hoguera y una horca para el tiempo.
Necesito calor para combatir esa mirada
que me hechiza y me fija al suelo,
que nos compara y me reduce a la nada.

Pido a Johnny Walker que me haga compañía
mientras miro de reojo cómo inundas mi vida
y me doblego; cedo el paso a la ría
mientras sonrío con cariño y te ofrezco mi bebida.

Que no lo sabes, que yo bebo del fracaso;
de la angustia de mis fallos y secretos.
Que no lo ves, que por eso lleno el vaso:
para tragarme uno a uno mis complejos.

Anda, mírame, que te estoy sobrevolando,
que busco a la desesperada tus ingrávidas pisadas.
Anda, búscame, ¿no ves que estoy flotando?
que desde que has entrado tengo fuego en la mirada.

Sonríe y bésame, como si no pasara nada;
juntos mitigaremos la inclemencia de la almohada.
Acallaremos las voces que susurran desde el fondo;
seremos eternos; como el cielo; como el polvo.

Te sonrío al verte en cada vacío de mi vida.
Y si me fijo en tus pupilas veo una mirada que no es mía.

Oh, venga ya! Dejemos de jugar,
que no entiendo de modales, no entiendo a la sociedad.
Oh, venga ya! podríamos hacer arte con tu luz y mi ansiedad.

Mírame las manos: no tengo más que lo que ves:
tu recuerdo espumoso, unas venas de espino,
tu sonrisa en la copa, mis lágrimas de piel,
el miedo a que te vayas y estos versos al oído.

Podría conquistarte con un gesto inoportuno,
ofreciéndote todos los vacíos que me faltan:
confianza, amor propio, belleza y trabajo duro,
o ponerte, en su lugar, las cadenas que me lastran.

Pero prefiero mirarte desde abajo, que siento el vértigo
trepar por tus tacones y morir de miedo en tus pestañas.
Prefiero sentir que soy un milano real en pretérito,
que murió al renunciar a sus alas por tus zarzas.

Aún así alzo mi vaso apátrida y espero
que caldee este vidrioso corazón.
Apuro el trago; me río y me sorprendo:
Apagaron las luces; solo quedo yo.

lunes, 8 de agosto de 2016

Mercado de las palabras sordas

Vendo mis carencias al mejor postor.
Razón: donde vimos el corazón llorar;
donde sentimos las lágrimas latir;
donde apremia de noche la desolación.

Soy tendero de ilusiones descompuestas,
de sueños de cartón piedra y fracasos.
Soy traficante de excesos descarriados,
soy un buitre carroñero de almas muertas.

Tengo mi puesto al final de la calle,
al que, con sorna, te invito a venir.
Vendo historias: "la magia de cenar
cristales". Ven, anda, ven; deja que te falle.

Pongo la mejor de mis sonrisas
y me dispongo a atraer al público
mientras que en mi pecho late un pálpito:
"no se han dado cuenta con las prisas".

Con teatralidad los saludo
y me dispongo a enseñar mi puesto,
un puesto que ciertamente es pasto
de la desilusión de mi mundo.

Vendo desgracias con su nombre grabado,
y tengo grises de todos los colores;
frascos con esencia a rosas de alquitrán,
y forros de clavos para abandonados.

Ofrezco navajas que ya hicieron daño,
cartas de amor que nunca se escribieron;
cortes a medio hacer en tristes muñecas;
incluso lágrimas de mil ojos castaños.

Escopetas de feria que siempre fallan,
cinturones sin hebilla y mucho más,
para ver si entienden que los que les llena
vale lo mismo que lo que tengo: nada.

"Mercado de las palabras sordas",
así conocen aquí al lugar,
el paraíso de oídos necios;
desidia de las últimas olas.

miércoles, 6 de abril de 2016

Cristales

Sonó como un mazazo,
un golpe seco.
Hizo astillas mi mundo.
Quebró mi alma el impacto,
fue tan directo...
"Hasta tuvo gracia", juzgo.

No diré que lo esperaba,
ni que no.
No diré que lo anhelaba,
porque no.
No diré que fue algo fácil,
para qué.
Diré: " tuve que ser hábil"
otra vez.

El estallido me pilló por sorpresa,
la reacción, en el suelo.
Fue entonces, al levantar la cabeza,
cuando vi mi mundo muerto.

La primera reacción fue instintiva:
mirar al espejo.
La segunda pareció hasta decidida:
fue no creerlo.

Esperaba encontrar un cristal quebrado,
con un agujero en medio.
Esperaba un reflejo fragmentado,
conmigo en el centro.

Pero vaya -sorpresa-, qué curioso,
el espejo estaba intacto;
quebrado estaba otro,
pero con el reflejo fui exacto.

En ese momento lo entendí:
no hubo golpe para el cristal.
Fue mi mundo partirse lo que oí,
fue mi alma gimiendo al quebrar.

Allí estaba yo: un chico roto
frente a un espejo impoluto;
un reflejo cruel, y hasta macabro;
una mueca horrenda al mundo.

Traté de recoger los fragmentos, lo juro,
-Al fin y al cabo, seguía siendo siendo yo-
pero era un alma herida:
su filo rayaba la locura.

Caí inocentemente en la trampa, lo asumo.
Entonces noté en mis manos el dolor:
estaba sangrando vida;
me estaban matando mis dudas.

Es ahora cuando pido
que se dejen los pedazos donde están.
Imaginad, pues, lo que cortan los míos
si ya lo hacía el cristal.

Pero reparo y veo mil pupilas reflejadas.
Si me fijo, hay lágrimas; dos mil.
Algo no me cuadra, y miro con calma:
estoy llorando, y creo que es por mí.

Si te acercas, tendrás que repararme
o no funcionaré.
Si te acercas, te bañará tu sangre;
mejor apártate.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...