¿Y si forjamos una historia con palabras,
que eso de los hechos está muy visto?
O era al revés y me equivoco;
no me juzgues: te veo y desvarío.
Mírame, que tengo algo que enseñar:
te he traído fallos, anhelos y cicatrices,
una vida entera de mitigar la soledad
que te entrego con un ramo de jazmines.
Tú y yo, una hoguera y una horca para el tiempo.
Necesito calor para combatir esa mirada
que me hechiza y me fija al suelo,
que nos compara y me reduce a la nada.
Pido a Johnny Walker que me haga compañía
mientras miro de reojo cómo inundas mi vida
y me doblego; cedo el paso a la ría
mientras sonrío con cariño y te ofrezco mi bebida.
Que no lo sabes, que yo bebo del fracaso;
de la angustia de mis fallos y secretos.
Que no lo ves, que por eso lleno el vaso:
para tragarme uno a uno mis complejos.
Anda, mírame, que te estoy sobrevolando,
que busco a la desesperada tus ingrávidas pisadas.
Anda, búscame, ¿no ves que estoy flotando?
que desde que has entrado tengo fuego en la mirada.
Sonríe y bésame, como si no pasara nada;
juntos mitigaremos la inclemencia de la almohada.
Acallaremos las voces que susurran desde el fondo;
seremos eternos; como el cielo; como el polvo.
Te sonrío al verte en cada vacío de mi vida.
Y si me fijo en tus pupilas veo una mirada que no es mía.
Oh, venga ya! Dejemos de jugar,
que no entiendo de modales, no entiendo a la sociedad.
Oh, venga ya! podríamos hacer arte con tu luz y mi ansiedad.
Mírame las manos: no tengo más que lo que ves:
tu recuerdo espumoso, unas venas de espino,
tu sonrisa en la copa, mis lágrimas de piel,
el miedo a que te vayas y estos versos al oído.
Podría conquistarte con un gesto inoportuno,
ofreciéndote todos los vacíos que me faltan:
confianza, amor propio, belleza y trabajo duro,
o ponerte, en su lugar, las cadenas que me lastran.
Pero prefiero mirarte desde abajo, que siento el vértigo
trepar por tus tacones y morir de miedo en tus pestañas.
Prefiero sentir que soy un milano real en pretérito,
que murió al renunciar a sus alas por tus zarzas.
Aún así alzo mi vaso apátrida y espero
que caldee este vidrioso corazón.
Apuro el trago; me río y me sorprendo:
Apagaron las luces; solo quedo yo.