sábado, 25 de febrero de 2017

...náusea

Pero también me engaño
con la misma frecuencia,
y vuelvo al muelle sobre el que escupí
y jure desterrar
hasta el fin de mis días.

Soy animal cobarde;
velero a la deriva;
un náufrago en un mar de cristales.

Tan manso, tan inocuo
como las olas a las que me entrego.

Me abandono a la náusea;
al vaivén afilado,
porque, aunque me mate,
los dos sabemos que acabaré
encallando en tu puerta.

Una blanca tormenta arrecia y yo
—ya ves— recojo velas.

Y entonces...

Hay veces en las que
me siento fuera de lugar;
veces en las que caigo
en que no pertenezco
ni a este ni a cualquier otro puerto.

Entonces, normalmente,
me da por esbozar una sonrisa
que, de descompuesta, da hasta lástima.

Entonces actúo desorientado;
entonces me estremezco.

Cuando caigo en la cuenta
de lo violento que es mi espectáculo
para mi acompañante,
es fácil que prometa
que jamás dejaré que se repita.

¿Sabes?, ahora mismo
me lo estoy volviendo a asegurar.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Difícil

Es difícil escribirte con un
corazón nómada como el mío.
—Te busco en cada esquina de mi insomnio;–

Difícil escribirte en la distancia;
difícil apaciguar las ausencias.
–surco el mar en pos de cada destello,–

Es difícil fingir ser abedul,
valiente y recio ante los olvidos.
–haciéndome el duro mientras afronto–

Difícil achicar raudo la tráquea;
difícil obviar el tedio en las venas.
–que aún tiemblo pensando en tu cuerpo.–

Es difícil escribirte a sabiendas
de que ya nunca me leerás.
—Tapono mis fracasos con coágulos–

Difícil la rutina del consuelo;
difícil volver a autoconvencerme.
—de los que nace el marchito valle–

Es más fácil sentarse en la arena
y observar cómo juega con el mar.
—que engendra y arma mi lado nostálgico.–

Fácil dejarlo a medias de nuevo.
Fácil ignorar heridas recientes.
—Hasta que me desangre.—

domingo, 12 de febrero de 2017

Romance apátrida

Desabrocho las cadenas,
el cincho y cualquier pertrecho.
Caen con un ruido sordo
sobre un camastro desecho.

Y ni mi gris desnudez
ni mi cansada conciencia
retumban en este cuarto
como lo hace tu ausencia.

Vacío y más bien sincero
–desprovisto de disfraz–
caigo con aplomo al suelo
y reniego de la paz.

He perdido como siempre;
he perdido como nunca.
Reconozco las bravatas
que la vida ahora me trunca.

Con un romance apátrida
digiero la realidad:
soy mitad ingenuo y áspero;
igual que la otra mitad.

Me conozco, o eso digo,
pero esta vez no lo vi.
Resulta triste e irónico
que yo me apiade de mí.

Caí, sin darme ni cuenta,
en el engaño discreto
que es creerse uno libre
pero sentirse incompleto.

Y asumo que al ver tus fotos
algo me bulle en el pecho:
algo que funciona mal;
algo que late al acecho.

Mas mis versos se resisten
a que mienta una vez más
mientras sacan a la luz
lo que escondía detrás.

No es un romance apátrida,
no: espera santo y seña
para volver a su tierra;
para volver a su dueña.




El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...