viernes, 14 de septiembre de 2018

Mapa de marineros

Qué voy a contarte, Paula,
si yo también pierdo el norte,
si navego a la deriva,
si achico estrellas de noche.

Qué puedo decirte yo
sobre sentirte perdida
y a oscuras en altamar,
sobre huir mientras nos miran.

Ni siquiera tengo historias
para las noches sin viento,
donde mi corazón cruje
como tablas de un velero.

Tampoco tengo palabras
para dibujarte el miedo
al naufragio que corroe
lo más hondo de mis huesos.

Pero mentiría si
te dijera que estoy solo,
que ya no busco sirenas
o que casi siempre lloro.

Y es que normalmente vuelvo,
huelo a salitre y fracaso,
y le repito a los míos
que no me alejo del faro.

Si dudan, señalo al cielo;
y encañono los destellos.
"Ese de ahí es mi mapa;
un mapa de marineros".

¿Y la compañía?
¿Nunca te sientes solo?
Tengo un truco que os sorprendería;
un truco de plata y oro.

No temo al mar en la tormenta,
ni considero su horizonte una jaula,
porque lo quiero aunque no me quiera;
porque mi faro, mi cielo y mi barco eres tú, Paula.

lunes, 18 de junio de 2018

La belleza y los ojos del que mira

Dicen que la belleza
suele estar en los ojos del que mira.
No sé si es pena o lástima,
mas me duele en el alma
que su vista no alcance a contemplar.

Lo de negarle a la naturaleza
que su obra respira
es un crimen abyecto contra el ánima;
es recoger palomas en la palma:
privarlas de volar.

Pues con toda certeza
proclamo rotundo ante el mundo que vira
al compás de las máquinas
sin tomarse la calma
para sentarse, callar y observar,

que no hay paz, ni atisbo de realeza,
si acaso sí mentira,
en quien ensalza la vida crisálida;
en quien con inmovilismo ensalma
a las locas de atar.

jueves, 5 de abril de 2018

Versos para Claudia

Si te entiendo, créeme; también sé lo que es
eso de dar vueltas en la cama hasta las tantas
que la madrugada se cuele por la ventana
y que el reloj marque por novena vez las tres.

Si yo también conozco el vacío del fracaso,
y los escalofríos que viven en mi vientre,
que reptan entre mis vértebras como serpientes;
que nacen y devoran mi alma cada ocaso.

Sufrimos el mismo pánico frente al espejo,
-ya sabes que venimos de la misma costilla,
que unos heredaron rosas y otros espinas-
y no tememos tanto al monstruo como al reflejo.

Oímos los mismos gemidos bajo la cama,
bailamos el mismo valls con la inseguridad,
y esbozamos la misma sonrisa sin pensar
si notamos que han descubierto nuestro drama.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...