Aislado en un corro de angustia y soledad,
me pregunto, con la duda por sonrisa,
si aún hay algo de mí que pueda salvar;
si aún queda humanidad en esta herida.
Me busco en el espejo y no me encuentro;
últimamente lloro a solas en mi cuarto.
A veces trato de rebuscar bien adentro...
y no me sorprendo si veo que no hallo.
Si levanto la cabeza, tengo el techo;
si abro los ojos, tan solo oscuridad.
Solo soy un loco bailando en el despacho
cuando sabe que no miran los demás.
Sus objetivos me asquean, lo confieso,
pero al menos tienen, que ya es decir.
Yo, en cambio, soy un triste obseso
de lo que se fue y jamás volvió a venir.