Cuando el mundo tenga prisa,
tú mejor quiéreme despacio.
Cuando apremie el cansancio
vuelve a lamer mis heridas.
Cuando mueran las luciérnagas
y las calles queden huérfanas,
ven a verme como hacías;
que te añoro como nunca,
que te siento hasta en la lluvia.
Y este hatajo de mentiras
que tejimos sin querer
se ha quedado sin quinqué
que ilumine la salida.
Cuando el sol vuelva a ponerse
sobre otro cuerpo celeste,
ven a irte como hacías.
Vuelve a irte como hiciste.