Echo gorriones a
volar para que no me aniden dentro;
sesgo amapolas jóvenes
para que no marchiten en mi piel;
desgarro cartas nobles
porque escribo con tinta envenenada.
No sé mucho de danzas,
yo entiendo de cicatrices y cortes.
Nunca entendí por qué
acabamos así. Chica, respóndeme,
que no sé bien qué siento;
solo me hacía el fuerte, nada más.