Hay un niño moqueando en la acera
con cara de ego y pena desmedida
la chaqueta del colegio mal puesta
la mitad por fuera y la otra metida
Pasea un camión gris por el bordillo
ante la impasible apatía ajena
Guarda las lágrimas en el bolsillo
no sea que alguno se fije en ellas
En eso que aparece otro crío
atrayendo la atención del primero
con más mocos y más sucio; más vivo
tendiendo su mano en gesto sincero
Ahora los ven correr calle abajo
sin rumbo, por el placer de correr,
donde ser feliz no cuesta trabajo
donde el centeno les roza la piel
Pasa el tiempo como pasa la gente
por la calle de la que antes hablaba
pero pasa que se ve diferente
alguien ha olvidado un camión y un chándal