Golpea el viento la lona
como el segundero el calendario
y ahora que se pierde aquel puerto
el horizonte parece más serio.
El sol se desparrama sobre las olas,
la marea juega con mi pequeño barco,
y los peces combaten el tedio
tejiendo a mi alrededor un cerco.
El cielo se arranca a tiras la ropa
para ofrecernos un día más claro
y en medio de un pasaje veraniego
caigo: supongo que no sé lo que quiero.
Quizás abandonarme a las gaviotas
quizás remar hacia un puerto cercano,
quizás echar el ancla al suelo
y beber agua salada por veneno