una tostadora bordeando la bañera
los nervios justos para contar por carta
que estoy a esto de no llegar a primavera
Brintellix en algún bolsillo del abrigo
la vanidad a la altura de los talones
la dignidad del que no se ve el ombligo
si no hace repaso mental de los perdedores
Escribo a cuentagotas últimamente
más por lo que no que por lo que he sido
y suspiro en algún pliegue del presente
que la desazón reclama un cascarón vacío
Te he imaginado ya en tantos escenarios
que me he aprendido todos los diálogos
y entre toda la farándula y escándalo
sigo viendo el anhelo ínclito del vándalo
Uno que ha depuesto la ganzúa
que ha perdido el pasamontañas
que nunca pensó en rimar goxua
con las pecas que acunan tus pestañas
Uno que vive una vida cuántica
habitando en mil lugares a la vez
uno que se aferra a la semántica
uno que no está tan vivo como cree
Y ese imbécil se ve en comisaría
con la tostadora que lleva bajo el brazo
contando a un atónito y viejo policía
que se entrega porque no tiene trabajo
Que no queda emoción ni hay trastada
que tenga gracia si no la va a contar
Que las anécdotas de esa vida pasada
dejan menos hambre que salirlas a buscar
Que el alquiler ya no se paga en fechorías
de esas salvajes como dejarte de mirar
y que le entienda, que en la gendarmería
hay otros crímenes para poder olvidar
A ver si diluyendo entre otros la condena
esa de vivir sin la pecosa o entre rejas
se dispersa poquito a poquito esa pena
y olvida esa nariz esos ojitos y esas cejas
Pero a media confesión se pierde el hilo
y el gendarme no es padre para confesar
lo que necesita el vándalo es un cursillo
otro trabajo, una formación profesional
Solo que tras haber vivido tantas vidas
sosteniendo esas manos tuyas de cristal
el vándalo se siente perro viejo y vacila
no es momento de aprender de nuevo a amar
Se levanta de la silla, coge la tostadora
se deja olvidada la sonrisa en recepción
emprende un viaje del pasado rumbo ahora
y sabe dios que sabe a sal su dirección