Hay veces en las que
me siento fuera de lugar;
veces en las que caigo
en que no pertenezco
ni a este ni a cualquier otro puerto.
Entonces, normalmente,
me da por esbozar una sonrisa
que, de descompuesta, da hasta lástima.
Entonces actúo desorientado;
entonces me estremezco.
Cuando caigo en la cuenta
de lo violento que es mi espectáculo
para mi acompañante,
es fácil que prometa
que jamás dejaré que se repita.
¿Sabes?, ahora mismo
me lo estoy volviendo a asegurar.