domingo, 12 de febrero de 2017

Romance apátrida

Desabrocho las cadenas,
el cincho y cualquier pertrecho.
Caen con un ruido sordo
sobre un camastro desecho.

Y ni mi gris desnudez
ni mi cansada conciencia
retumban en este cuarto
como lo hace tu ausencia.

Vacío y más bien sincero
–desprovisto de disfraz–
caigo con aplomo al suelo
y reniego de la paz.

He perdido como siempre;
he perdido como nunca.
Reconozco las bravatas
que la vida ahora me trunca.

Con un romance apátrida
digiero la realidad:
soy mitad ingenuo y áspero;
igual que la otra mitad.

Me conozco, o eso digo,
pero esta vez no lo vi.
Resulta triste e irónico
que yo me apiade de mí.

Caí, sin darme ni cuenta,
en el engaño discreto
que es creerse uno libre
pero sentirse incompleto.

Y asumo que al ver tus fotos
algo me bulle en el pecho:
algo que funciona mal;
algo que late al acecho.

Mas mis versos se resisten
a que mienta una vez más
mientras sacan a la luz
lo que escondía detrás.

No es un romance apátrida,
no: espera santo y seña
para volver a su tierra;
para volver a su dueña.




El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...