No son sonrisas falsas;
son muecas de tragedia y angustia
que esculpo en mi rostro.
Entre presión y escarcha;
entre granito y lluvia.
Me estoy acostumbrando a hacerme el fuerte,
aunque siempre de puertas para fuera.
"Me estoy acostumbrando"
me repito ausente;
"me estoy acostumbrando a que duela".
Será que le di alas al casuario;
o que se las quité
impasible a los gansos.
Y emigrar se antoja imposible, tanto
como erizar tu piel.
Tal vez sea marinero en tierra;
corsario del desierto.
En el fondo lo ignoro:
mi navío se ahoga en la marea;
mis alas se oxidan con el viento.