arrastrarme por un whisky con limón
una risa y dos "tampoco es para tanto"
escucharte reír encima de la canción
Un deseo a estrella mordaz pasada
la suspicacia de esas noches en vilo
secar al viento la morriña en la colada
aprender a bailar descalzo sobre el filo
La pulcritud del que rubrica el compromiso
la atención que le prestaba a un mal menor
todas las oraciones que rezaba en ese piso
cuando me acunaba abrazado a tu dolor
La fulguración de una tormenta de verano
la veleidad de la vida estallando frente a mí
los mundos que atravesé sosteniendo esas dos manos
los mismos responsables de mi miedo a dormir
Un baile para los sordos y los adefesios
monstruos de andar por casa y de salón
la ingenuidad de cualquier patio de colegio
la batuta que ha aborrecido la función
Una tregua firmada bajo el cielo estrellado
el recuerdo que te asalta en un semáforo en ámbar
todos los amores que rechacé y no he consumado
un cuerpo hecho de farándula y nostalgia
Una sucesión de parajes que tú habitas
recovecos de un alma que he entregado
una procesión de pasiones que suscitas
en las vidrieras del okupa que has creado
La rendición de todos mis desvelos
la capitulación de todo lo que he sido
las gaviotas que surcaron otros cielos
buscarte a tientas al final de este suspiro
La sangre que rompe en la orilla con pena
la espuma que abarca por completo la playa
toda la arena que obstruye estas venas
el tañido de las doce que mece la toalla
Una risa que retumba en esta ausencia
dibuja una alameda escoltada por acacias
un sendero de mi alma a mi conciencia
un templo mortuorio donde nacen las desgracias
En la tumba de lo que pudo haber sido
cantan los gatos pardos alguna soleá
y a la sombra de los jazmines y el espino
no ocurre nada; no hay nadie para escuchar