ni existe un cielo del color de tus ojos
no hay notas en el cantar de esos grajos
que puedan pintar tan siquiera un esbozo
No hay luz en la noche que alumbre
el purgatorio que tu ausencia conforma
donde el silencio de los grillos confirma
que no queda vida donde no estorbas
Con esa gracia de un niño con hambre
con la ternura del que se sabe perdonado
con la torpeza del más patoso habido
con esa sonrisa de un recuerdo lejano
Ni un solo día de enero a diciembre
en el que el soñar se haga benévolo
y cada mañana con un gesto frívolo
cambio esa carita por un rostro céreo
Y al albor de la incipiente sombra
cargo seis lágrimas en un tambor viejo
pero, calma, no necesito cobijo
que el arma, como mi alma, es de fogueo
Señalo, apunto y disparo en la penumbra
huele a pólvora mojada todo el cuarto
lo único claro en este desconcierto
es otra marca en mitad de mi costado
Otra marquita que parece de mimbre
que conjunta con las mil que tiene al lado
y atestigua sutilmente con voz queda
lo evidente, que no te he superado
Medusa mía, te doy mi soledumbre
permite que pose un beso yo en tu frente
deja que llore en tus ojos esta afrenta
mi última voluntad como penitente