y crece conforme se descuelgan las horas
La última vez que me quise dar cuenta
no tenía todavía apariencia de persona
Se sienta aquí a mi lado y me replica
Confronta mi silencio con el suyo
aplaca mi ansiedad con su indiferencia
y se apiada condescendiente de mi orgullo
Tiene gracia que me escribas, compañero
como si encarnara otra figura en realidad
Tiene gracia que no me hayas puesto cara
tiene gracia que estés intentando no llorar
Sé que ibas a contar los versos, a repasarlos
cómo no voy a saberlo si sientes lo que yo
qué te hace pensar que controlas nada
qué te hace pensar que escribes tú el guion
Si el dolor que te inunda ha tomado forma
si la mano de enjugar las lágrimas escribe
Qué te hace pensar, triste inquilino mío
que es solo uno de nosotros el que vive
Llevas llorado el caudal de cuatro ríos
has gemido lo que nadie quiere admitir
no hay mañana que el sueño no te hiera
y todavía tienes el valor de escribir
Y qué va a salir, ingenuo compañero
Qué va a brotar de esa herida manantial
pues un reguero de inseguridad y miedo
una saeta compuesta para la soledad
qué crees que vas a hacer, codificarlo
O pretendías lustrarlo y darle forma
A quién coño has pensado contarle
que hay moraleja en esta historia
Los días pasan, los suspiros se escapan
las mañanas se parecen a las anteriores
nuestra abuela se levanta a la misma hora
volvemos a escribir los mismos renglones
mírate el pecho las veces que quieras
todavía puedes hurgar en esa herida
hazte el daño que quieras, me la suda
puedes meter desde el puño a las costillas
Algún día tendremos que acostumbrarnos
no a este dolor, eso no se pone en duda
sino a repetir lo mismo si nos preguntan
que estamos bien, no necesitamos ayuda