de la playa que los dos conocemos
En ese varadero de almas en pena
esa cala de naufragios y recuerdos
Mientras rompe la marea y se astillan
las olas que consiguen llegar a la orilla
siento que le debo algo a este lugar
como si correspondiera una ofrenda floral
Y a lo lejos, a lomos de las corrientes
creo divisar una mancha en el horizonte
que al aproximarse se hace evidente
son pecios a la deriva, telas y tablones
Pero despierta mi curiosidad el naufragio
y me meto en el mar a practicar la autopsia
creo que reconozco estas telas podridas
y la quilla trae consigo recuerdos de Vitoria
El timón parecía llevar un rumbo firme
no hay restos de flaqueza en la botavara
los cabos sueltos tienen nombre y apellido
soy incapaz de mirar el mascarón a la cara
Y para cuando me quiero dar cuenta
estoy braceando desesperado en altamar
para cuando quiero salir, darme la vuelta
encuentro el navío que intuía naufragar
Y es que estas aguas y el tiempo
me arrancan suavemente las lágrimas
vician y pudren todos mis recuerdos
arrasan conmigo con una fuerza impávida
Y veo perderse mi quilla en algún horizonte
al poco centellea un ancla, detrás el puente
La sigue una procesión de restos sin nombre
La sigo, lentamente, cada vez menos consciente
Y allí en la arena no sé quién queda
recogiendo, ignorante, mi desgracia
los restos de una historia dolorosa
que solo es bonita desde la ignorancia