Esta noche he dejado de mentirme.
Tiene gracia, van como unas dos décadas:
Escribo solo por diferenciarme;
por sentirme especial, por creerme nómada.
Respiro por inercia, como todos;
río por educación, como tantos,
y me engaño mientras miro los dados
pensando que hoy caerán de mi lado.
Resulta que cruzando una alameda
de farolas, asfalto y hormigón,
corazón abierto y noche cerrada,
peleaba con mi depredador:
Un monstruo con mi voz que me repite:
"No he hecho nada y tampoco lo haré".
Clavando en mis ojos sus ojos mate:
"No eres nadie y no lo vas a ser".
Replico como buenamente puedo:
"Todavía tengo tiempo, soy joven",
pero miro las manos que me han dado
y veo el cansancio anciano y noble.
Tiempo que escapa, tiempo que condena;
tiempo que se retuerce hasta el pasado,
y yo, mientras, lloro en cualquier esquina
preguntando si he valido el mal trago.