martes, 10 de marzo de 2020

Javier y el mar

Titila el agua dulcemente
y engulle el anzuelo con cariño.
Van ya unos dos mil veranos
y Javier conoce su río.

No pican mucho últimamente,
ni tampoco en el último año
pero se ha convertido en costumbre
y el viejo no incumple su pacto.

Casi yéndose, de repente,
algo le hace fruncir el ceño:
un jurel de lomo plateado
se ha encariñado con el cebo.

Javier tira de él impaciente,
y ya entre sus manos le hace un guiño.
Tampoco picaron este verano,
pero Javier ama su río.

Te veo en cada reflejo de la luna sobre el agua  de vez en cuando creo que escucho a alguien llorar  no te preocupes por mí, sé que estás li...