martes, 10 de marzo de 2020

Juan Sin Miedo

A unos treinta o cuarenta centímetros del suelo,
con un zapato suspendido y otro colgando,
se balanceaba el cadáver de Juan Sin Miedo. 

Solo se escucha el graznido de algunos cuervos,
pues con la soga por corbata y el reloj parado,
los lametones del sol parecen lo de menos.

Lo jalearon sin piedad anoche en el pueblo,
creyendo que daría sepultura al tirano
entre efluvios del whisky y el vino casero.

Creyeron en él, hasta le besaban las manos,
y Juan sonreía, borracho pero sin miedo,
prometiendo sentenciar para siempre el pasado.

Allá que fue, con un fusil, apenas armado.
Lo recibieron catorce tiros en el pecho.
Lo recibieron y allí mismito lo dejaron.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...