Hace tiempo que veo que te apagas
y que yo miro sin ponerle remedio
A veces soplo, avivo las llamas
pero supongo que todo cae por su peso
Por lo menos hubo brasas para unos años
en los que me cobijé del mundo alrededor
y ahora, como todos los puñeteros veranos
me doy cuenta del esperpento de la función
Es vestir un cadáver y tirarlo a la calle
dar un número falso y terminar por creerlo
es reventar a llorar cuando no mira nadie
porque en realidad sí que eres sincero
Deslizo los dedos entre cenizas y salitre
hace tanto frío que apenas siento la mano
el polvo blanco salta al roce y cubre el aire
y yo arrojo el cuaderno sobre un fuego apagado