Entran los últimos rayos de sol tiñendo de oro y acre el cuarto.
Las motas de polvo bailan suspendidas mientras las baña el calor.
El ambiente se ha hecho mágico y me impacta: me calmo.
Pero hay algo que falla, que no encaja, que no cuadra: soy yo.
Mírame a contraluz, que estoy en los reflejos del barniz,
en el cristal, en el espejo y en nuestros ojos.
Mírame, atravesado por el dorado, el caoba y el latir.
Mírame ahora, porque relucen mis defectos; todos.
Vente, que esta tarde te invito al palco de nuestro ritual,
en el que las sombras me dan caza cuando caigo.
Escenificaremos la última función de este juglar
ahora que el otoño sorprende al día como el ocaso al calendario.