miércoles, 10 de marzo de 2021

Te echo de menos

Te echo de menos.
En el sentido más estricto de la palabra:
me faltas.
Me siento tan vacío, tan incompleto,
que te busco en cada crujir de los muebles,
en cada vibración en el pasillo,
en los golpes del viento al cristal.

Te añoro tanto,
que te pienso aun sabiendo que no me convienes.

Y cuando marchas
entiendo perfectamente lo que supone,
pero me niego a creerlo,
porque mi corazón se ha hecho a tus latidos,
mis venas, a tu pulso,
y mis pulmones, a tu respiración.

Pienso a diario
que quiero estremecerme a tu ritmo,
respirar a tu compás y no tener que imaginarte,
pero desde que no me queda alternativa
me siento como marinero en tierra,
y, como ellos, me debato
entre abrazar las noches maldiciendo
o adentrarme en la mar sin navío.

Y soy consciente
del suicidio que supone nadar con las sirenas,
pero, una vez que las conoces,
¿qué vida podría saciarte sin su música?

Por eso dudo
entre beber en el puerto,
o encallar tras tu estela.

Supones tanto,
que mi fortaleza hace aguas por todos lados,
y ya ni puedo pensar, ni me sale medir, ni quiero escribir.

Quiero que vuelvas,
y que acabes con este patético intento
de suplir tu ausencia con un bolígrafo.

El silencio se hizo grande en tu nombre cabalga a lomos de un olvido al acecho y por un sendero de recuerdos y hambre anuncia burlón que ha ...