Sigo el camino de farolas amarillas
y vuelvo a casa en un abrigo de hojalata.
Me encuentro con un león en un portal
consumiendo su presa entre papel de plata.
Saliendo del centro gritan a mis espaldas:
son tres malvadas brujas menores de edad.
Trataban de comerciar y cambiar monedas
por un ratito de olvidar la soledad.
Lo siguiente que recuerdo es apartar cuervos
a manotazos y patadas de un sintecho.
Para cuando pude observarlo cara a cara,
solo encontré paja brotando de su pecho.
Será que hoy hace más frío de la cuenta,
o que este invierno horada dentro un abismo,
pero en la ciudad nadie vuelve la mirada.
Moriremos dejando un charco de egoísmo.